Casablanca-Valencia delayed

Casablanca-Valencia delayed

Casablanca idCasablanca-Valencia delayed. Cuando lees esto en el panel de información te desesperas. Nada como desconocer el tiempo que falta para que llegue un familiar al que hace mucho tiempo que no ves y si el vuelo es el último, el retorno a casa después de casi dos años trabajando en el extranjero, pues todavía te impacientas más.

Lejos de pensar en fantasmas, los agoreros de la aeronáutica es en lo primero que piensan y ya se ponen en lo peor, los familiares allí reunidos nos dirigimos hacia la cafetería para esperar.

Al final, el retraso fue de poco más de dos horas, pero lo que no hubiéramos imaginado en la vida es que la causa del retraso había sido mi propia hermana y que estuvo  cerca de provocar un incidente en el aeropuerto de Casablanca.

Así que vamos a volar hasta allí para descubrir qué es lo que pasó y, de paso, tomar buena nota de cuáles son nuestros derechos y, en este caso, conocer las normas si viajamos con mascotas a bordo de un avión.

El contexto: después de casi dos años trabajando en Marruecos, en Rabat, mi hermana se disponía a volver a Valencia para cerrar su periplo magrebí. No era la primera vez que viajaba con Nico, un labrador de cuatro años, al que no había dudado en llevarse a vivir con ella un año antes. En su momento, compró la jaula obligatoria para sus viajes con Nico quien a su corta edad ya había subido al avión en tres ocasiones: el vuelo de ida, y otros dos de  ida y vuelta en unas vacaciones de verano. Así que este era, su cuarto y último vuelo, por lo menos desde Casablanca. Inciso. ¿Y porqué si trabajaba en Rabat volaba desde Casablanca? Porque era el vuelo directo más económico.

Nico de viajeEn anteriores viajes, mi hermana había pagado el billete de Nico, religiosamente y había viajado en la bodega dentro de su jaula. En una ocasión, la primera vez que voló, acompañé a Nico por las entrañas del aeropuerto para ver dónde lo dejaban a la espera del embarque. Pues bien, mi hermana pagaba su billete, el de sus hijos y el de Nico. Nada más y nada menos que 600 euros (sólo el del perro….)

Cuando llegaron todos al aeropuerto de Casablanca, dispuestos a facturar las maletas y a Nico, se encontraron con la sorpresa. El perro no podía subir porque no cabía. Ese fue el argumento de la aerolínea. Mi hermana esgrimió, y con razón, que había comprado el billete debidamente y que el perro tenía que subir. La respuesta fue que no cabía y que embarcasen ellos y en otro vuelo le mandarían al perro. Mi hermana se negó. es evidente que te marchas de un país, al que no sabes cuándo vas a volver y dejar a tu mascota a la aventura no es la idea que llevas de retorno a casa. Sobretodo, porque mi hermana se temía que si se iba no lo volvía a ver. Así que llegó la hora del embarque, los pasajeros del vuelo embarcaron y mi hermana siguió en sus trece de que no subía  a bordo si no embarcaban al perro.

Air marocPasaban los minutos, mis sobrinos embarcaron y mi hermana se quedó discutiendo una y otra vez sobre lo mismo y, ya en tono desesperado, asegurando que el avión no salía sin ella y sin el perro. El tiempo pasaba y le dijeron que subiera a bordo y que llevarían el perro a la bodega…, pero el mosqueo de mi hermana era tal que se negó. E insistió en que hasta que no viera a Nico a bordo no subía la avión. Tras tiras y aflojas, al final accedieron a sus peticiones y el perro subió a bordo.

Royal-Air-Maroc-Lounge-Casablanca-11Cuando mi hermana hizo lo mismo, los pasajeros, nos contó le miraron con una cara de odio. Llevaban dos horas largas en sus asientos y al verla, entendieron que ella era la causa. Pudo oir frases como: «…ésta es la del retraso…», «… a saber quién será…»…. Comentarios que no hicieron mella en mi hermana, porque al fin volvía a casa con la familia al completo.

Cuando aterrizó nos contó toda su odisea y aún le quedaron ganas de ir al mostrador de la aerolínea a poner una reclamación.

Para los detractores de los animales, esta historia será la de un capricho de una persona, pero los que tengan mascotas o simplemente les gusten los animales, entenderán que mi hermana hizo lo que tenía que hacer.  Además, no hizo sino reclamar sus derechos por algo que había pagado, nada barato por cierto,  y consiguió volver con Nico. Si se hubiera ido sin él, le hubiera quedado el derecho al pataleo y a pasarse horas en mostradores de reclamaciones, pero con una alta posibilidad de no volver a verlo nunca.

Así que es bueno conocer nuestras obligaciones, pero también nuestros derechos y exigir lo que hemos pagado.

En esta historia el que ni se enteró de la misa la mitad, fue Nico, que pasó las horas en su jaula y que al llegar a Valencia, movía el rabo y caminaba torpe, aturdido por el vuelo, ajeno a que a sus cuatro años había provocado un auténtico revuelo.

Paco Beltrán

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